Cuando bautizamos a la hija de un amigo,
en la Iglesia de Alangasí, no nos habíamos percatado de llevar una
cámara fotográfica que eternice esos gratos momentos. Concentrados en
las palabras y la lección que nos tomaba el Sacerdote en el Altar,
escuché el clik! de una cámara fotográfica. Era Don Carlos Teófilo
Morales Morales, que acababa de llegar a la cobertura de algunos
compromisos sociales, testigo silencioso de acontecimientos familiares;
es decir: fotógrafo, por más de 40 años. De cuantos bautizos no se
acordará, a cuantas parejas no vería casarse, cuántos niños, jóvenes y
ahora adultos no pasarían por el lente de Foto Canon.Su nombre
comercial.
– Don Carlitos! Tomaráme una foto vera. Con el padrino!
Ya le solicitaba una madre de familia
esperando su turno para la foto. Don Carlitos como le conocemos, cumplió
70 años en el mes de septiembre 2014. Desde muy joven despertó su
interés por unos aparatos que montaban en los parques – recuerda cuando
era niño – la gente se aglutinaba, se interesaban por saber que hacían; y
por supuesto se maravillaban con el resultado. Hace años una fotografía
era una joya en la familia… ahora, esperen un momento, me llegó una
foto por whatsapp!
La fotografía es un arte, es la mejor
aliada de la historia. De nuestras historias familiares. Y nuestro
personaje entrevistado es el culpable de ello, ¡apostemos!, que en
nuestro álbum fotográfico familiar tenemos por lo menos una foto tomada
por Don Carlos Morales, y al ratificar esta hipótesis, nos haremos esta
tesis: como pasan los años.
Pero no solo de la fotografía se vive – antes era buena la fotografía,cuando
la modernidad no multiplicó las cámaras fotográficas; ahora hay hasta
incorporado en los celulares – cuenta con algo de nostalgia. Don Carlos
también es carpintero, de hecho esa era su primera profesión. Fue socio
fundador de la Asociación de Artesanos dela Madera y Comercios de
Sangolquí.
Su primera cámara la compró con sus
primos en Ipiales, Colombia; viajaron en bicicleta – perdón, no les
comenté que también era ciclista – cuando tenía 20 años, un viaje de ida
y vuelta. Su afición creció con el uso de esta primera cámara, para
luego nomas comprarse una propia. A la que le sacaba provecho tomado
fotos a su enamorada – hoy su esposa – claro, enamorándola también.
Sus familiares le invitaban al bautizo,
al matrimonio; “pero vendrás con las cámara” le decían. En una de estas
ocasiones, conoció a Luis Baquero su maestro de fotografía. Profesor de
fotografía, contemporáneo de algunos artistas como Foto Silva. Aprendió
rápidamente, tomó varios cursos, conoció el trabajo en laboratorio; el
nostálgico “cuarto oscuro” para revelar las fotos. Ya con una cámara
semiprofesional, empezó a sacar sus primeras fotos profesionales en
blanco y negro, reveladas por él. Qué emoción!
¡A Quito a Quito, por la pista! se
mezcla con el sonido de los pitos, los vehículos, los buses que pasan
junto al Estudio Foto Canon, en Sangolquí. Don Carlos ya es identificado
durante estos 40 años como un reportero gráfico en el Valle de Los
Chillos, informador sigiloso de esos momentos inolvidables: las lágrimas
de los novios, de los padres, las sonrisas de los invitados.
Sensaciones que reviven o devuelven esos momentos, con sus fotos a los
clientes. Don Carlitos – en confianza –es también mensajero; se lo puede encontrar caminando por los pueblos entregando estas postales familiares.
– ¿Usted es el Señor Morales? le preguntó en alguna ocasión una Señora
“elegante” que llegó a su estudio. Me han recomendado que usted toma
unas buenas fotos. Me cuenta Don Carlos con un sabor a melancolía, antes
las fotografías eran apreciadas, así como el aprecio que muchos sienten
cuando le ven en las Iglesias, en las Plazas o caminando con su cámara.



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